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Refranes que visitan las tertulias nocturnas insomnes

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Lo que una imagen genera en el inconsciente de nuestras pupilas y sus correspondientes nervios visuales... a horas tan lejanas de la mañana, todo puede resultar llamativo si de procrastinar se trata. ¡Qué bonito es dejar al final lo que debiste hacer primero desde hace más de una semana!

Bromas aparte, hoy me han dado las libérrimas ganas de pensar en las palabras. Las palabras y su poder para construir y para destruir. ¿Y qué puedo hacer yo con ellas? Más... ¿qué pueden hacer ellas contra mí?

Caras vemos, corazones no sabemos.

Qué refrán tan elocuente. Justo cuadra perfecto con la imagen que apareció frente a mí de la nada y que causó supremo interés por su gran significado. La imagen en cuestión fue:

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Errores ortográficos aparte, debo decir que concuerdo con ese alguien que concordaba con la frase y que me dijo que era una muy cruda verdad, pero verdad al fin. Sí, uno debe cuidarse de aquellos en quienes confía sus penurias varias, porque nunca se tiene certeza de si ese oído atento es amigo o enemigo. De toda la vida o de hace dos días, un cercano e íntimo no te muestra sus más profundas intenciones malvadas de ser el caso, y tampoco es que seamos un dechado de virtudes o que no tengamos mácula alguna... pero, ¡vaya!, tampoco es que nos merezcamos la calumnia (cuando lo que de ti se cuenta es más falso que billete de 5 soles) o la deslealtad (cuando todo el mundo se entera de tus más recónditos secretitos sucios, vergonzosos o de los dos tipos). A veces es bueno hacerle caso a tu madre en su versión remasterizada de espada del augurio: puede ver más allá de lo evidente*. Si ella dice algo, es mejor corroborarlo.

¿Qué sacar en limpio? Tus cosas, solo a tu madre y a tu almohada. Punto y aparte, no hay más nada.

En otro flanco de la situación, la cosa va así.

He optado, quizá no desde hace mucho tiempo, en controlarme la labia florida y el hablar solo porque tengo lengua... aunque confieso que es bastante complicado hacerlo cuando uno es tan verborreico. Una hervidera de palabras se avecina a nuestras bocas cuando tocan precisamente ese tema sensible que a uno tanto le endulza el interés, las ganas o el hígado.

En esos casos, un consejo suelto:

En boca cerrada, no entran moscas.

Nada más prolijo en el decir que decir eso. Para que no escape el olor a podrido de nuestros carcomidos espíritus, se debe tener mucho control. Muchos de nosotros, tristemente, hemos perdido el control... bien conocido es que es lo que más se pierde en estos últimos tiempos.

Hay algo que siempre me he dicho y es que si no tengo nada bueno que decir de alguien o algo, mejor no digo nada. Yo lo veo así mucho más feliz todo. No se trata esto de ser tonto y dejarse pisotear ni de carecer de personalidad para defender una postura, pero sí de tratar de llevar la fiesta en paz con bastante diplomacia. El mundo no está para ahondar las diferencias.

Nos hemos convertido en seres bélicos, lo seguimos siendo tanto como los antiguos Hunos- por ejemplo-, pero creo que ahora se siente más terrible porque se supone que mientras más tiempo tiene el hombre sobre la tierra le corresponde ser más responsable de sus actos sobre ella.

Si le tienes que reclamar a alguien, en su cara y con tacto y prudencia. Esto, esto y esto. Nada más. Ahora, respóndeme. No necesito más que escucharte y decidir si perdono y olvido o solo disculpo y no convido nunca más.

En boca cerrada, no entran moscas... ni salen tampoco. Que considero que tener la boca cerrada a la calumnia, al chisme o a la conversación con mala intención preserva más de la salida de suciedad de nuestras bocas que de la entrada de las moscas que tranquilamente van volando por fuera.

Moraleja: Si confías, necesitas una certeza. Si no hay certeza, no confíes. Si creías que había confianza, revisa 20 veces más. Si tu certeza flaquea, no hables ni respires. Si te enojaste con alguien y quieres reclamar, en su cara. Si tienes tentación de hablar de otro cositas no muy buenas, cállate, eso nunca es bueno, así sean verdad. Así es como empiezan los chismes.

Con esto, me despido.

 

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* Cortesía del dibujo animado "Thundercats" en su versión de doblaje latino.

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